Tenía los ojos azules, de un azul tan profundo e intenso, que ni el mismísimo mar podría hacerle sombra aunque quisiese. Al hablar de el, se me vienen cientos de imágenes y adjetivos de como podría describirlo a la cabeza. Tenía muchos defectos, pero yo no los solía ver, nunca pude verlos.
Tras esa mirada profunda yo no veía más que perfección y belleza, todo lo más hermoso que existe en el mundo reunido ante mis ojos, todo y mucho más. Aveces era muy indeciso e impaciente, todo debía estar perfecto siempre, siempre. Cuando no entendía algo, siempre ponía su cara de pero-que-me-estás-contando, y enarcaba una ceja mientras ladeaba la cabeza aturdido, era rubio y alto, tan rubio y alto como las espigas de trigo acariciadas por los rayos tenues de sol y mecidas por el viento suave del verano. Tenía una sonrisa, una sonrisa tan brillante, tan absolutamente resplandeciente y mágica, que podría alegrarte tu peor día con una de ellas...
Era una persona tan especial... tan increíble y jodidamente especial... pobre ilusa yo. Estupida e ilusa, eso es lo que fuí, esa jodida estupidez que llaman amor, me enseñó que todo estaba perfecto hasta que llegó el, con toda su perfección y todo lo aparentemente maravilloso que existía hasta ese entonces, pasó a un segundo plano y detrás de todo, solo quedaba el. Yo le quería...
Era una persona tan especial... tan increíble y jodidamente especial... pobre ilusa yo. Estupida e ilusa, eso es lo que fuí, esa jodida estupidez que llaman amor, me enseñó que todo estaba perfecto hasta que llegó el, con toda su perfección y todo lo aparentemente maravilloso que existía hasta ese entonces, pasó a un segundo plano y detrás de todo, solo quedaba el. Yo le quería...
pero jamás pude llegar a entenderle.
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